Felicidades, Vega, mi pequeña. Hoy cumples seis lunas e imagino tu mirar intenso, tu asir con tino, tu erguirte sentada. Siento tu risa aunque no te escuche desde hace casi dos meses.

Sigo acucándote por las noches y saludándote al levantarme. Sé que tú no me sientes.

O tal vez sí. 

Recojo en mi mano tu cabeza chiquirritica y poso una mejilla en la tuya. Casi te huelo. Sé que te invento.

O tal vez no. 

Hoy tal vez huelas naranjas. Yo hoy he bailado con naranjas y limones, con hojas y flores de colores, con otra familia que acoge mis lágrimas que brotan como ríos a veces al abrazarte. Y mis ojos refulgen después del baile, del atardecer con la montaña, del repique en el pecho y del respirar sobre tierra palpitante, mirando y viendo sólo milagro y maravilla. 

Sé que creces aunque no te vea. Y es extraño cómo y por qué te siento. Pero te siento, aquí dentro. Eres parte de lo que soy. Una chispa hermosa que me lates por dentro. 

Feliz cumpleluna, pequeña.

El cielo incendia la pared de Abamia frente al Tejo que matiza el fuego con su sombra en este atardecer tardío del 31 de mayo

PD

(…) Es así que el tronco de un árbol es luz y aire cristalizados.

Sí; esto no es un árbol hecho de luz y de aire sino una medusa hecha de agua y de colágeno; otro milagro 😉

Mi felicidad no está en algún lugar fuera de aquí. No está mañana en un futuro que satisface mis más íntimos deseos ni está ayer en un pasado vibrante y preñado de ilusión y de promesas deliciosas. Está aquí, en este instante que comparto; en este suspiro que confieso sin testigos; en este momento en medio del mundo; en este ahora de tiempo cristalizado en emoción perenne. Y sí, también en estas lágrimas que a veces se me desbordan por la cara como ríos desbocados. Porque la felicidad no está hecha sólo de sonrisas.

El regalo de haber tenido a Vega en mis brazos, de recrearme en aquel instante cuando ahora abrazo el aire como si ella pudiera sentir mi gesto mientras yo la siento a ella intensamente es hermoso. Pero la felicidad no está en aquel instante que revivifico sino aquí, en este; en lo que siento ahora y en el modo en el que este instante cristaliza en una emoción palpable. Y la ilusión no de un futuro concreto o deseable, no de uno con una forma dada sino de uno con pasión mantenida, un futuro en el que este amor que siento sigue estando presente, vibrando, pleno de vida, cargado de ahoras sin mañanas, ah, esta ilusión, sí, suma.

Y esta felicidad intensa que proporciona el amor genuino que siento por ella, por ti también, seas quien seas, y por el mundo y por sus mil otros colores está empapada de curiosidad por descubrir qué pasará a continuación, está rociada de caminar aun en silencio y está teñida por mil matices de dolor que lejos de romperla le dan carácter, consistencia, dimensión, realidad.

Y es que, ay, Vega; seis lunas ya y tan tan poquitos soles… Suena a estribillo para una canción 😉

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