El Irán de los años setenta, igual que la España de aquel entonces, vivía la inocente modernización de un pueblo culto -salvo en política.
A España se le murió el Muy General y el rey electo por él como sucesor supo ayudar a instaurar una frágil pero resiliente democracia sin asustar a nadie con su apellido monárquico. Con ello España evitó una desestabilizadora injerencia extranjera -o al menos una demasiado intensa.
En Irán en cambio el Shah, aún fuerte, sintió la pulsión de dejar de ser títere occidental; se creyó finalmente el Rey de Persia y dejó volar el anhelo de desarrollo para su pueblo compartido con su antecesor Mosaddeq. Su cambio de actitud -y el alcance real de su poder entonces- asustó y de qué manera a occidente que polarizó apresuradamente contra el Shah a comunistas e islamistas iraníes levantando una marea que terminaría enterrando a Irán en una teocracia ignorante, intransigente y sin escrúpulos que subyugó a su población y convirtió aquel presente esperanzado de los años setenta en un sueño de futuro cada día más inverosímil.




Las imágenes de los años setenta de Irán y España son prácticamente superponibles. La dispar actualidad de ambas sociedades es muestra de la capacidad retrógrada de aquellos herederos del Reino de Dios que pretenden dirigir la Tierra imponiendo sus tabúes y su incapacidad de aprender fuera del Libro.
La incapacidad añadida de la comunidad internacional para ayudar a un pueblo maniatado y congelado en el tiempo durante cincuenta años por un régimen despiadado y por definición estúpido es una vergüenza para nosotros, librepensadores occidentales. El que Trump se erija en esperanza para el pueblo iraní es otra vergüenza casi mayor si cabe. Su desastre de guerra y el empeoramiento ridículo de la situación del pueblo iraní es profundamente doloroso, doloso incluso.
Ay.
Aun desde este atrio dejadme gritar mi indignación y mi impotencia; ¡libertad para el pueblo de Irán!
¡Javid Shah!
Paz y libertad para Irán y también para el Líbano, para Palestina, para el Pueblo Saharaui, para Ucrania, para Somalia. Libertad para Rusia y para el Pueblo de los Estados Unidos de América. Con-pasión por este pueblo humano que comparte sueños y aspiraciones, lazos y afectos, derechos y deberes. Fuerza y valor contra la tiranización egotista, aterrorizada y cruel y tan corta de miras.
Sí; aun desde mi atrio dejadme gritar mi estupor y mi vergüenza.
¡Javid Shah!



Y ojalá y mis queridísimos Amir y Alireza puedan volver a pisar un Irán libre; un Teherán sin mulás dirigiendo el tráfico; un Isfahán brillante y hermoso y palpitante, preñado de historia y de futuro.
Y ojalá puedan mostrárnoslo con orgullo y feroz esperanza.
Javid Shah.




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