Giorgione, 1510 (Venus dormida)
Girolamo da Treviso, 1523 (Venus durmiendo)
Tiziano, 1538 (Venus de Urbino)
Varotari, 1620 (Venus y Amor)
Artemisia Gentilschi, 1625 (Venus y Cupido)
Diego Velázquez, 1650 (Venus del espejo)

Tras la inspiración de Giorgione, la finura de Tiziano o la sensualidad de la Gentilschi, la arrebatadora maestría de Velázquez -en una España todavía cohibida por la desnudez- es un remanso, una orilla, una sugerencia palpable, una sonrisa velada, una delicia maestra a la que regreso con curiosidad y que me arrastra indefectiblemente a otras dos obras del mismo Diego que me tienen boquiabierto desde hace meses; su hilarante y patético y magnífico Marte y el fascinante, hipnótico y desnudo espacio de Las Meninas.

Diego Velázquez, 1660 (Marte)

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