«Gáṅgā» (Ganges en castellano) es la voz sánscrita que da nombre a la deificación hindú del Río, a la Diosa, a la «Gran Madre» protectora que limpia nuestras faltas y que conecta el cielo, la tierra y el inframundo. Ganga es lo femenino, la Mujer, el Agua, y con ello lo que fluye, la Vida.
En la tradición occidental el nombre de la Mujer, de la Diosa, del Río, del Agua, era «Onga«.
La parecida sonoridad y la proximidad de sentido entre «Ganga» y «Onga» tal vez sea casual después de todo. O tal vez no. Casual sí parece, en cambio, que la voz «onna» en japonés signifique mujer, aunque «onga», «ona» y «oña» sean las formas en las que el nombre de la Mujer, de la Diosa, del Río ha sobrevivido en nuestra lengua castellana actual -o en nuestra toponimia al menos. El caso es que en la protohistoria occidental Onga ha sido una forma de expresar a la divinidad en femenino, a la Gran Madre purificadora, al nexo entre el mundo del hombre y el mundo místico; Onga la Mujer, la Diosa; Onga el Agua, la Madre de todo y de todos.
Efectivamente, el nombre de Onga se relaciona con una antigua divinidad europea asociada a ríos y saltos de agua y vinculada con las ideas básicas de agua, madre divina y fuente de vida. Una divinidad que se entrelazará posteriormente con el mito de Anat, la diosa que esparce el rocío sobre la tierra y que es parte del panteón politeísta fenicio. La cual será a su vez asimilada posteriormente por Atenea, la diosa griega protectora de ciudades y poblados. Tiempo después, la figura cristiana de la Gran Madre, la Virgen María, se solapará a las distintas diosas locales, incluidas Atenea, Anat y a la propia Onga, asumiendo formas particulares para adaptarse a estas y preservando los antiguos lugares de culto, manteniendo así un sentido místico y religioso parecido, lo que facilitará su asimilación.
Más allá de lo mágico y lo divino, el término original «onga«, también pronunciado y expresado como «onna» y como «oña«, parece haber sido voz común en la prehistoria europea con la que se designaba un salto de agua, una fuente o un río -con la reverencia debida a la Diosa Madre.
Esta voz paleoeuropea sobrevive en numerosos topónimos locales en el oriente astur, como en Triongo («confluencia de tres cursos de agua»; tri-onga) o en Piloña (pil-oña; «a la altura del río»), pero también allende las fronteras chicas, como en el vasco Oñati (onna-ti, «lugar donde el río») o en el nombre del río catalanofrancés Garona («río de piedras»; gar/kar=piedra, onna=río).
No menos interesante es reconocer el nombre de la Diosa del Río en antiguas poblaciones, como en el castro de Viladonga (villa de Onga), en Galicia, o en el astur Covadonga.
La Cueva de la Virgen de Covadonga, en Cangas de Onís, parece beber de esta misma antigua fuente donde Covadonga debería leerse en realidad como Cova d’Onga, Cueva de Onga, esto es, la cueva de la Gran Fuente o la cueva de la Diosa Madre, y su origen, su culto -y su propio nombre- parecen con ello evidenciarse muy anteriores a la denominación cristiana de Cova Dominica o al mito fundacional astur de Pelayo.
El nombre de Cangas de Onís sería otro ejemplo de derivación de la misma voz onna; Valle (canga) del [de la gente del] Río (onna/onneis>onís).
La toponimia en este caso permite desvelar la pervivencia de la antigua voz onna (oña, onga) con el significado de salto de agua, fuente o río y redescubrir un culto primitivo a la Diosa Madre, a la Mujer, a la divinidad que fluye y da vida a través del agua, un culto oculto pero a plena vista en la asturiana Cova d’Onga.

Chema Nieto
Les Roces, Cangues de Onís
Imágenes:
Ganges
https://es-academic.com/dic.nsf/eswiki/517050
https://es-academic.com/dic.nsf/eswiki/517050
Cueva de la Virgen, en Covadonga, Asturias
https://www.mediopenique.com/que-ver-covadonga/





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