Llevamos una semana atrapados en la bretanya! Callejeando por Vannes
, Ploermel, Dinan
, St Malo
, las playas de Chevret, Cancale… Leyendas, castillos, catedrales, callejuelas, una vieja que vende calabazas, bosque, musica, un cigarro a la orilla del termo con cafe humeante…
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Desde la Brocelianda, del Diario de Elisa:
«Entre bosques y leyendas paramos en una taberna, de esas de los cuentos: la Taberna de Morgana. Moteros retirados la regentan, y con trajes tipicos que tapan tatuajes le dan un ambiente de juerga e imaginacion. Tienda de artesania incluida con triskeles y runas y murales imposibles donde las Xanas y los Elfos cambian de nombre pero no de espiritu.
Una bandera de Asturias llama mi atencion; grito y doy saltitos, ya sabeis. El gerente motero emocionado nos cuenta que Asturianos y Bretones son hermanos de lucha. Nos ensenya orgulloso pegatinas de Andecha y nos habla de unos ideales tan difusos e irreales, tan viscerales y fantasticos como la mitologia y las fabulas.
El bosque es tan magico como cuentan. La Dama del Lago busca a Merlin como una enamorada cualquiera. Entre los robles y los pinos, las hayas y los acebos, Morgana escoge setas venenosas para preparar mortales brebajes. Los caballos de Arturo y sus amigos relinchan en las lindes del bosque. Los cuentos susurrados por el viento, por las hojas rojizas y doradas que caen a tus pies, conviven con el sonido de domingueros que sacan a sus ninyos de paseo.
Pena de domingo, pena de atardecer temprano que nos azuza a marcharnos, pena de ciclo hormonal que me castiga con un terrible dolor de cabeza y me deja con una promesa en los labios de… volvere.
Estoy somnolienta y agotada, tambores de guerra resuenan en mi bajo vientre. Chemi me despierta en Cancale. El puerto por fin aparece; maldito laberinto! Ostras, mariscos… dios, quien pudiera… -que, que podemos? de regalo? en serio? Escogemos con cuidado y tino el restaurante; pequenyo, autentico, de los nuestros. Cajas de ostras chorreando mar nos reciben a la puerta. Sobre un lecho de algas llega nuestra cena, tan viva que hasta un cangrejito que fuera la cena de una almeja sale moviendo las patas y luchando por vivir. Alimento de sirenas y suenyos de sirenas en la mente de el; su imaginacion crea historias de Guardianes en las que me deja bucear.
El puerto de Cancale es una playa de barcos encadenados en la arena como perros que esperan a su amo.
La arena es un cementerio de conchas. Te hace pensar en un par de gigantes jovenes que al pasar por alli y ver el mar se hubieran sentado descuidados a contemplarlo, comiendo ostras sin parar y tirando las cascaras alrededor como si de pipas se tratara.
Volvemos al camping llenos de mar y con la satisfaccion anyadida de no tener que hacer la cena.»




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