«En esta luna llena, escuchando a un lobo aullar por su cría, tenés una familia de luz que aúlla contigo»
Todavía resuena en todo mi cuerpo la sesión de ayer y con ella las palabras de Rocío que traducen con enorme intensidad y precisión mágica mis propias sensaciones. El cómo ha conseguido escuchar a este lobo aullando se me escapa.
Sí; tienes una familia de luz aullando contigo.
Me despertaba hoy empapado por esta idea, por esta sensación; en cada debilidad, en cada enorme o pequeña flaqueza, en cada gesto cotidiano, en cada ocurrir externo y en cada acontecer interno, en cada espera, en cada incertidumbre tanto como en cada escasa certeza, tienes una familia de luz aullando contigo. Qué inesperado regalo. Una familia enorme, que se extiende más allá del círculo intenso de esta que ayer bailaba conmigo y que incluye a muchos otros que no podremos tocar ya con la piel; una familia de luz, sí, que acompaña, que utiliza gestos que resuenan con increíble sintonía, que se deja sentir en cada mínimo éxito y en cada monumental fracaso, con apoyo, sin juicio, sin expectativa, con presencia, con curiosidad; que ayuda en el propio y libre avanzar con el abrigo de sonrisas vibrantes, de lágrimas también vibrantes, lagos donde hundirse y espejos del propio alma; con manos y abrazos que sostienen, que vibran aportando insumisión, valentía, fuego y también paz, descomunal fiereza e inconmensurable serenidad, con un cariño que me aspen si sé de dónde viene o por qué me alcanza y que ayuda a caminar y a escoger libremente la dirección del propio camino, liberado de repente de cargas, de etiquetas, de nombres condicionados, de direcciones preconcebidas, inmune a preconceptos sobre lo bueno, lo malo o lo regular; un caminar que abraza y no confronta las debilidades del otro y que avanza, cabeza erguida y ojos empapados de sorpresa, con curiosidad por descubrir cómo irá superando uno mismo las propias debilidades en este tejido que es la vida.
Con fuerza, las palabras de Rocío consiguen aunar hoy todas mis sensaciones en una perla plena de significado y de sentir y de sentido que me desborda con una emoción que se me desparrama como lluvia, como océano y como vida, sin contención ni continente.
Ni idea todavía de cómo va a ayudar esto; sólo sé que siento con intensidad el regalo de la presencia de esta familia que baila con silencios, con caricias y sí, también con palabras.
Tienes una familia de luz aullando contigo
¡Bua! ¡Gracias!





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