No, aún no sé lo que es y sin embargo mis manos se mueven como si supieran, manejando instrumentos que nunca habían tocado antes y que sin embargo se sienten familiares entre los dedos. Sí, como si supieran.

Como si un saber antiguo acompañase sus movimientos las manos palpan la pieza a cada rato, la cambian de posición, atacan desde otro ángulo. Aún no sé si perfilan un filo, el pico de un ave o la cola puntiaguda de un pez sideral de contornos redondeados. Ni siquiera sé cómo lo hacen. Las dejo hacer. Sí, como si supieran.

Me detengo después de dos horas de hacer concentrado, de observar lo que se desvela ante mí como una fascinante melodía cinética mientras no dejan de llover virutas hasta que mis dedos piden al fin un descanso. Repalpo la pieza que estaba tallando y la siento palpitar, como queriendo despertar, igual que yo mismo.

Conseguí un par de gubias y cuchillos de talla hace unas semanas, tampoco sé muy bien por qué; no tengo ni idea de talla. Hoy me he sentado con ellas al encontrar un trozo de madera olvidado que habían traído mis peques de alguna aventura. No sé, tal vez la biodanza esté tocando algo. Recuerdo una sensación parecida cuando empecé a practicar la hipnosis. Una especie de confiado dejarse llevar; un convertirse en espectador fascinado del propio ocurrir, hacer y sentir; un fluir con una melodía que uno tan solo imagina. Lo había vuelto a sentir multiplicado en intensidad hace no tanto.

O tal vez sea Vega a punto de nacer, de sentir frío y tomar aire por primera vez, a punto de llorar y de acurrucarse en un pecho que huele a hogar y a melaza, de empezar a pelear por la vida y a apasionarse con cada gesto, con cada contacto de su piel, de sus dedos, de su boca, con cada sombra y matiz que sus ojos enormes beberán, con cada sonido que ahora escuchará sin el rítmico latir de fondo de su madre. A punto de vibrar con esa melodía que tal vez ella también imagine de alguna forma; ¿acaso sonreirá ante el contraste cuando alguien le cante a bocaquiusa?

No, aún no sé lo que es y sin embargo mi universo entero se mueve como si supiera, con un peculiar sentido de familiaridad, de solitaria paz, de gozo y de dolor y de sorpresa, de profunda pena y de sonrisa inquebrantable y sincera, de completa presencia, de enorme curiosidad, mientras siento aunque no la escuche una melodía de miles de estrellas vibrando en las yemas de mis dedos y una luna que marca un rítmico contrapunto que se vuelve respiración, aullido y silencio y también río, vida, flujo, ola… un palpitante batir de alas, un trémolo de luz. El trino de un pajarillo de pecho bermellón, de un cuello rozando otro cuello, de una promesa tejida de sonrisas. Un canto de voces que se dejan escuchar con cada roce, con cada caricia sobre la madera.

Chema Nieto

Las Rozas, noviembre 2025

Apenas una talla en construcción; un ser en potencia que sin embargo ya es aunque ni mis manos saben lo que llegará a ser.
Apenas una talla en construcción; un ser en potencia que sin embargo ya es aunque ni mis manos saben todavía lo que llegará a ser

Puedes comentar aquí

Trending