Sí, curiosa medida el tiempo; estúpida incluso. Al fin y al cabo el tiempo no es sino un invento de granjeros.

La humanidad flipó cuando descubrió patrones cíclicos en la tierra y en el cielo. Inventaron así el concepto de tiempo, que inicialmente medía solo la distancia entre instancias previsibles. Esta idea del tiempo dio frutos inmediatos; surgió de ella la agricultura pero también la religión y la astronomía y con esta las matemáticas.

Pero allí donde estas ideas se desligaron de la magia la humanidad perdió el equilibrio y el presente dejó de ser intenso e infinito para convertirse en un minúsculo tac después de un tic.

Cuenta Marie-Louis Von Franz la anécdota de un grupo de once generales chinos que debían decidir si atacar o replegarse. A la hora de la decisión final, tres de ellos se inclinaban por atacar mientras que los ocho generales restantes preferían replegarse. La decisión a resultas de este impás fue sencilla para todos ellos; ¡atacarían! El tres representaba para ellos la unanimidad; el hecho de que precisamente tres generales estuvieran a favor de atacar dejaba clara cuál era la decisión «correcta» en aquel caso aunque la mayoría de ellos se inclinase por lo contrario.

La magia es una forma de percibir y de relacionarse con el mundo ligada a la emoción, a la intuición, entretejida por hilos sin aparente sentido. El tiempo aquí no es la línea de puntos consecutivos y espaciados a cierta distancia que perciben los granjeros sino curiosos y precisos pliegues en la tela del mundo; pliegues que pueden unir dos puntos aparentemente distantes para hacerlos uno. Así, por ejemplo, hoy hace un año de aquel café, o bien hoy hace veinte o trescientos años de esto o de aquello, no serían sino campanas que tañen en un instante inventado pero preciso; uno de esos pliegues que ligan y hacen presente lo que de otra forma sería tal vez sólo «ayer», «otredad».

Medir la vida en tiempo es ciertamente patético. Sin embargo, percibir el tiempo más allá de las limitaciones impuestas por antiguos granjeros es una experiencia sugerente. Curiosa sin duda. Y sí, tal vez estúpida después de todo. No sé. 

Chema Nieto. Colunga, 2025

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Representación del arado en la roca de Seradina, Val Comonica, Italia (dibujo de Emmanuel Anati, 1964). Recogido del trabajo de Francisco Jorda, "Bastones de cavar, layas y arado en el arte rupestre levantino".
Representación del arado en la roca de Seradina, Val Comonica, Italia (dibujo de Emmanuel Anati, 1964). Recogido del trabajo de Francisco Jorda, «Bastones de cavar, layas y arado en el arte rupestre levantino»

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