Uno de sus hijos, el Coronel Aureliano Buendía, avisó a su madre hace apenas unas páginas:
“Cuiden bien de papá que se va a morir”.
Pero no fue el único que presintió su ausencia. El guajiro Cataure, de quien no se sabía nada desde su espantada cuando lo de la plaga de insomnio, apareció sin aviso previo esta misma mañana. “Vengo al sepelio del rey”, dijo antes de que nadie supiera en la casa que el viejo había muerto.
Aunque murió en su cama, el colosal José Arcadio Buendía había pasado los últimos tiempos amarrado al castaño del hogar. Desde que empezó a hablar en latín, de hecho, aunque la familia tardase en descubrir que aquel galimatías suyo era un habla inteligible.
Mucho antes de aquello su curiosidad le había hecho descubrir, por sus medios, que la tierra era redonda. Y entre muchas otras, el pueblo de Macondo le debía su existencia.
Un tipo original, sin duda.
Y esta mañana llovieron diminutas flores amarillas sobre Macondo.
Buen viaje, José Arcadio Buendía. Que la fortuna, la curiosidad y la magia te acompañen siempre.

Imágenes: Gabriel García Márquez en El Heraldo https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2017/04/30/cien-anos-soledad-siglo-progreso-1172790-1361024.html // Gitana en Memoria de Papel; Las Tertulias de Alí Castaneda y Amigos https://alicastaneda.wordpress.com/2024/07/12/otra-locura-de-jose-arcadio-buendia/





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